jueves, 8 de enero de 2015

Ebriedad

Tienes un tornillo totalmente zafado. Uno, quizá varios, no sé cuántos deban tenerse.
Tu cara, normal, como todos los rostros, quizá más bonito que algunos y menos agraciado que otros tantos. Un hombre normal, promedio. Al menos por fuera. ¿Qué estoy diciendo? No conozco los demás interiores, no sé qué tan realmente diferente puedo estar.
No sé si te conozco. Creo que no eres como pienso. Eres peor. Y mejor al mismo tiempo.
Que aborrecible es el mundo en el que estoy parado, que estúpido parece todo a mi alrededor, qué estúpido soy también, ¡cuánto odio este mundo!
Me siento solo, pero nadie es buena compañía.
Me siento triste, pero nadie me hace feliz.
Me siento tonto, pero nadie me impresiona.
Me siento enamorado, pero no amo a nadie.
Egoísta, como todos, tan egoísta como toda persona, sería muy feliz si no mirara la clase de porquería que en realidad soy, y peor aún, si no pudiera ver tampoco toda esta porquería de mundo en la que me encuentro viviendo. Puedo ver las escorias disfrazadas, se ven mejor, pero no dejo de saber que es eso, disfraces, abajo hay mierda, y lo sé, lo saben todos, odio no poder hacer más que aceptarlo, no puedo auto engañarme.
Se me acabó la paciencia para querer lo que no me quiere.
Se me acabó la paciencia para creer en lo que no existe.
Siempre me gustó beber. Me hace dejar de pensar demasiado y ser un monstruo guiado simplemente por mis impulsos más ocultos. Me gusta todo lo que hace que me pierda en mi mente, un sitio que últimamente me gusta más que lo que hay por fuera, lo único malo que tiene mi mente, estar demasiado contaminado con lo que respiro en mi entorno.
¿Motivos para vivir?
El amor... ¿qué podría decir de esto? La mayor satisfacción del amor es que te amen. Lo que me mantiene vivo, es que me necesiten, que me extrañen, ser la razón de alguien, ser la perfección para alguien. Pero yo no siento nada, y lloro, me desespero y sufro, porque odio, odio y detesto cuando alguien que me quiere deja de hacerlo, no sucede aún, pero no quiero que nadie me supere. Quiero extender mi vida y que viva mi fuego como una llama incandescente en el corazón de mucha gente. Eso es lo que le da vida a mi vida. Quiero que me amen porque yo no siempre quiero amarme. Narcisista, solo soy narcisista y no soporto no ser importante, aunque si tan solo pudiera ser todo al menos para mí mismo, ¡al diablo todos! Me quedo solo, moriría en una maldita cueva, sin nadie que me lleve ni una flor. Solo puedo llamarle amor a aquel sentimiento que se da porque si, inevitable, ese que se le tiene a contadas personas, quizá en las familias, aunque no en todas. Los padres muchas veces son los únicos que llegan a experimentar lo que realmente es el amor. Pero el mundo se vuelve una mierda cuando sabes que a veces, ni si quiera estos seres, los padres, pueden ser capaces de sentirlo. El mundo apesta.
¿Motivos para vivir?
¿Dios? ¿Qué es eso? Siempre he creído, que el universo es demasiado y terriblemente grande como para que su origen y sentido sea una explicación tan estúpida y simple como un simple sujeto que se encarga de todo. ¿De verdad vivo entre tanta gente extremadamente imbécil, que es incapaz de darse cuenta en que creen en una tontería y se cierran las puertas para conocer más? Se lavan su propio cerebro con cosas demasiado incoherentes e ilógicas, que simplemente son eufemismos para no herirse su mayor cualidad humana: Los sentimientos. Lo que nos hace humanos, es sentir. Los humanos somos emociones e intelecto. Pero si el intelecto sobrepasa las emociones, es aún más poderoso, porque las mata por completo, y te quedas así, muerto, como una máquina pesimista, duro como roca. El intelecto trabaja poco a poco, hasta demostrarte que los sentimientos no existen, no son reales, tú los creaste. Todo es más frío y simple de lo que crees.
¿Motivos para vivir?
Ninguno, vas a morir y ni si quiera sabes a donde irás.